Billman: canciones que salen de una habitación para encontrar su lugar en el mundo

Hay proyectos que nacen con una idea muy clara de hacia dónde quieren ir y otros que, simplemente, empiezan a caminar. Billman pertenece a los segundos. Unas canciones que durante años fueron casi un espacio privado terminaron encontrando a cuatro músicos dispuestos a hacerlas crecer, transformarlas y, sobre todo, escucharlas desde otro lugar.

Bruno, Jorge, Javi y Edu —este último ausente en nuestra conversación— forman ahora una banda que empieza a dejar atrás el local de ensayo para adentrarse en una nueva etapa. Y quizá por eso, antes de hablar de sonidos, influencias o planes, en IndieFM quisimos conocer a las personas que hay detrás de Billman.

Porque todo empieza ahí.

De una habitación a una banda

Durante años, Bruno escribió canciones casi como una forma de ordenar aquello que le ocurría. La música funcionaba como desahogo, como refugio y como una manera de poner palabras a determinadas experiencias. Hasta que llegó un momento en el que esas canciones dejaron de pedir intimidad y empezaron a pedir compañía.

La llegada del resto de la banda cambió inevitablemente su naturaleza.

Jorge llegó al bajo casi por casualidad —como tantas historias musicales que empiezan en la adolescencia— y terminó descubriendo en el local un sonido que inicialmente no le resultaba familiar. Javi, guitarrista y músico desde hace años, encontró en aquellas canciones algo que le atrapó desde el primer momento: una voz y una manera de contar que sentía diferentes.

Y ahí aparece una de las claves de Billman: las canciones siguen teniendo la identidad con la que fueron escritas, pero ya no pertenecen únicamente a quien las compuso.

Los cuatro han ido construyendo el proyecto desde el respeto por esa materia prima, dejando espacio para que cada instrumento aporte su propia mirada. Sin intentar ocuparlo todo. Sin sobreescribir las canciones. Entendiendo que, a veces, hacer crecer una composición consiste precisamente en saber cuándo intervenir y cuándo dejarla respirar.

El resultado es un sonido que se mueve entre diferentes estados de ánimo: momentos más oscuros, otros más luminosos, pasajes directos y otros en los que aparecen más matices. Una dualidad que ellos mismos reconocen en una de sus referencias y que se hace especialmente visible en “Carta breve para un largo adiós”, el primer adelanto de lo que será su álbum debut, Memorias de mi habitación.

La memoria como lugar común

El título del disco no es casual.

Memorias de mi habitación habla de vivencias personales, pero también de algo mucho más universal: ese espacio en el que todos hemos estado alguna vez a solas con nuestros pensamientos.

La habitación de Billman es un lugar íntimo, pero no necesariamente cerrado. Es donde nacen los recuerdos, donde se ordenan las emociones y donde determinadas experiencias terminan convirtiéndose en canciones. Y precisamente por eso puede convertirse también en un lugar compartido.

Quizá ahí esté una de las mayores virtudes del proyecto: partir de lo personal sin encerrarse en ello.
Las canciones hablan desde un lugar concreto, pero dejan suficiente espacio para que quien las escucha pueda encontrar dentro de ellas sus propias historias.

Música y literatura, dos formas de recordar

Hay otro hilo que atraviesa el universo de Billman y que resulta especialmente interesante: la literatura.
Los títulos de las canciones dialogan con libros y autores que han formado parte del imaginario de Bruno. No como un simple recurso estético, sino como otra forma de construir memoria alrededor del disco. Observar una estantería, recordar aquellos libros que dejaron huella y buscar conexiones entre sus títulos y las canciones terminó convirtiéndose en una parte más del proceso creativo.

Así, música y literatura acaban encontrándose en el mismo lugar.

Y quizá también ahí haya una invitación para quien escucha: descubrir una canción, quedarse con su título y preguntarse de dónde viene. Qué libro hay detrás. Por qué esa referencia. Qué relación existe entre esa obra y aquello que estamos escuchando.

“Carta breve para un largo adiós”: la puerta de entrada

Si Memorias de mi habitación es ese espacio completo de recuerdos, “Carta breve para un largo adiós” funciona como una de sus puertas de entrada.

Una canción nacida desde un determinado estado mental, desde la sensación de que algo había terminado, aunque todavía quedaran cosas por decir. Una letra con una carga emocional evidente que, sin embargo, convive con una instrumentación más luminosa y enérgica.

Ese contraste resume bastante bien lo que Billman quiere construir: la capacidad de hacer convivir lo que duele con aquello que todavía puede hacernos avanzar.

Y también explica por qué la canción sirve como carta de presentación de la banda.

Encontrar un sonido propio

Billman todavía está en ese momento en el que las comparaciones son inevitables. Ellos mismos lo asumen con naturalidad: cuando una banda comienza, necesitamos referencias para intentar colocarla en algún sitio.

Pero su intención es otra.

No tanto escapar de las influencias como conseguir que, con el tiempo, el sonido de Billman sea una referencia en sí mismo.

Hay una ambición muy concreta detrás de esa idea: que alguien escuche una canción y no necesite buscar inmediatamente a qué otra banda se parece, sino que pueda pensar simplemente en ellos.

Para conseguirlo, hay algo que consideran irrenunciable: la química.

Entre ellos hay amistad, discusiones, complicidad y una manera de trabajar juntos que ha ido apareciendo de forma bastante natural. Una relación que quieren conservar incluso si el proyecto crece, llegan nuevas oportunidades y aparece esa maquinaria que acompaña a cualquier banda que empieza a profesionalizarse.

Porque si hay algo que Billman parece tener claro desde el principio es que crecer no debería significar dejar de reconocerse.

El siguiente paso: salir del local

Después de mucho tiempo imaginando qué podía llegar a ser todo esto, Billman empieza ahora a comprobarlo fuera de las paredes del local de ensayo.

El próximo 11 de febrero, la banda presentará su proyecto en Sala Maravillas, en una cita especialmente importante porque supone uno de los primeros pasos de esta nueva etapa.

La intención es llevar al directo Memorias de mi habitación prácticamente al completo y demostrar que esas canciones, nacidas desde un lugar tan íntimo, también pueden crecer encima de un escenario.

Y hay una idea que se repite durante nuestra conversación: Billman quiere que exista una conexión entre el disco y el directo. Sin artificios innecesarios. Con un sonido orgánico que permita que la energía viaje en ambas direcciones.

Porque si el disco puede hacer sentir al oyente como si estuviera dentro de un concierto, el concierto debería devolverle todo aquello que las canciones contienen cuando se escuchan en casa.

Una banda que todavía está empezando

Quizá lo más bonito de hablar con Billman sea precisamente escucharlos hablar desde ese lugar.
Todavía están descubriendo qué puede ser la banda. Todavía hay fechas por confirmar, escenarios nuevos por conocer y muchas cosas que aprender. Pero también existe algo que no se puede fabricar: la ilusión de estar empezando algo que sienten que merece la pena.

Cuando les preguntamos qué les gustaría conservar dentro de cinco años, la respuesta no habla de cifras, escenarios ni éxitos.

Habla de la química.

De la amistad.

De la forma de entenderse cuando componen.

Y, sobre todo, de seguir haciendo canciones que merezca la pena escuchar.

Quizá esa sea la mejor manera de presentar a Billman ahora mismo: cuatro músicos que han encontrado un lugar común en unas canciones que comenzaron siendo íntimas y que ahora buscan a alguien al otro lado para hacerlas suyas también.

En IndieFM hemos hablado con ellos de música, memoria, literatura, influencias, proceso creativo, directo y de todo aquello que ocurre cuando una canción deja de pertenecer únicamente a quien la escribió.

Escucha aquí la entrevista completa con Billman y descubre todo lo que hay detrás de Memorias de mi habitación.

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Entrevista Billman

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