Oh See Málaga 2026: un festival que se reinventa bajo el sol inmisericorde del mayo malagueño
Había quienes llegaban con dudas. Después de ediciones anteriores marcadas por grandes nombres y aforos desbordados, el Oh See Málaga 2026 afrontaba este año una apuesta arriesgada: un cartel sin cabezas de cartel claros, construido desde la honestidad de la escena independiente española. El resultado desarmó a los escépticos.
Viernes: del indie a la electrónica pasando por el sudor
Cinco de la tarde, como diría Lorca. Mayo. Málaga. Quien acudiera al recinto en ese primer turno lo hizo sabiendo perfectamente a lo que venía, porque el termómetro no mentía. Con ese calor de fragua como telón de fondo, Denisdenis abrió la jornada con su rock alternativo de voces profundas y guitarras afiladas, poniendo en temperatura —nunca mejor dicho— a un público todavía disperso pero receptivo. Les siguió Paco Pecado, que arrancó complicidades con su propuesta gamberra y directa: un concierto muy divertido. Siguió Repion; estas chicas tienen algo que les hará llegar muy lejos y fueron ganando terreno a medida que el sol cedía unos centímetros.
Pero la tarde-noche del viernes tuvo dos momentos que se quedaron grabados. El primero llegó con Sanguijuelas del Guadiana, que convirtieron su actuación en una marea de cuerpos. Los extremeños saben cómo ganarse al público y los pogos estallaron casi desde los primeros acordes y no remitieron hasta el último. Caos ordenado, energía desbordada, el tipo de concierto que recuerdas en los músculos al día siguiente. El segundo momento fue de naturaleza completamente distinta: Xoel López subió al escenario y lo transformó todo con su elegancia característica. Cada canción, un cuadro; cada gesto, una declaración de principios. Si Sanguijuelas fue la adrenalina del viernes, Xoel fue su alma.
Veintiuno cerraron la parte musical de esta primera jornada con su pop confesional antes de ceder el testigo a Second DJs, que se marcaron una sesión de indie-electrónico que nos hizo bailar a todos y que a muchos les trajo la nostalgia de su andanza como grupo. Esperemos que vuelvan.
Sábado: de la promesa al espectáculo total
La segunda jornada arrancó con Bauer y Victorias ofreciendo una tarde de pop-rock de calidad, seguidos de Vangoura y Vera Fauna, que confirmaron que el festival tiene buen olfato para detectar proyectos con futuro. Los sevillanos tienen cada día más adeptos y están llamados a llenar muchos más festivales con esa música que, según sus palabras, se parece a un atardecer en el barrio de Triana. Nena Daconte trajo su pop luminoso y emocionalmente honesto, cosechando una de las respuestas más cálidas (y calmadas) del público familiar, porque sí: el Oh See Málaga 2026 fue, llamativamente, un festival con niños. Muchos niños. Familias enteras paseaban entre escenarios sin agobios, sin empujones, sin las aglomeraciones que marcan otras citas del sector.
Ese detalle no es menor. Una de las quejas más repetidas entre los asistentes fue la clausura de las gradas, que obligó a buena parte del público a seguir los descansos entre concierto y concierto de pie desde zonas no siempre cómodas. Una decisión organizativa que generó cierta fricción, aunque no llegó a ensombrecer el ambiente general. La dirección ha tomado nota y para el año que viene prometen que se retomarán las polémicas gradas.
La recta final del sábado fue antológica. Carlos Ares protagonizó el concierto más aclamado del festival: conexión total con el público, una puesta en escena que creció con cada tema y una despedida que arrancó coros generalizados. Fue el momento de comunión más genuino de todo el fin de semana.
Y entonces llegó Zahara.
Su espectáculo Glitch no fue un cierre al uso. Fue una experiencia. Luces, electrónica, reivindicación, performance y esa voz que atraviesa costillas. El recinto se transformó en otra cosa durante esos minutos finales, y quien estaba allí lo sabía. Apoteosis es una palabra grande, pero es la única que cuadra para el espectáculo que se marcó la manchega.
El festival que no necesitaba demostrar nada… y lo demostró todo
Más allá de las críticas y las dudas, el Oh See Málaga 2026 brilló en su totalidad, en su apuesta, en su textura. Menos masificado que en años recientes, el recinto respiraba. Nada de colas imposibles, espacios transitables, conversaciones entre desconocidos sin tener que gritar. En el espacio Oh Love, Gonzalo de discos Bora Bora ofició bodas festivaleras con la solemnidad irreverente que el momento pedía, convirtiendo ese rincón en uno de los lugares más fotografiados —y sentidos— del fin de semana. El espacio Oh See Club y sus DJs tuvo menos afluencia que en otros años, pero ¡qué demonios!, quien quiso estar estuvo y lo gozó.
El Oh See Málaga ha elegido un camino. Ha decidido alejarse de la carrera por los grandes nombres, de la lógica del cartel como lista de trofeos, y apostar por una escena viva, presente y llena de matices. Hubo quien lo leyó como debilidad antes de que empezara. Cuando terminó, quedó claro que era exactamente lo contrario.
El festival no desafió a las críticas. Las dejó en evidencia. Larga vida al Oh See.
Crónica de nuestro colaborador Gerard (@dentrodeunacancion25)