Hoonine: «Encontrar a alguien que cuide y saber cuidar también es un acto de resistencia»

Hay artistas que llegan a un festival con la necesidad de demostrar que merecen estar allí. Otros llegan con la tranquilidad de quien entiende que las canciones hablan mejor que cualquier discurso. Carmen, el alma detrás de Hoonine, parece pertenecer a ese segundo grupo. A pocas horas de subirse al escenario de Mad Cool, comparte cartel con nombres que hace apenas unos años habría ido a ver como un fan más. Todavía le cuesta asumirlo.

«Entraba hoy por aquí y pensaba: no sé muy bien qué hago aquí. Yo quiero pedirle un autógrafo a esta gente».

Lo dice sonriendo, entre los nervios inevitables de quien sigue sintiendo el vértigo antes de cada concierto. Lejos de desaparecer con la experiencia, asegura que esos nervios han crecido con el tiempo. «Cuanto más callo tienes, más te exiges». Una frase que resume bastante bien el momento artístico que atraviesa.

Su último sencillo, «Ya no duele», podría interpretarse como una canción sobre despedidas. Sin embargo, detrás de ella hay algo mucho más cotidiano y quizá más doloroso: el miedo a dejar de cuidar a las personas importantes mientras la vida acelera sin pedir permiso.

«La sensación cuando escribí este tema era que mi vida estaba yendo demasiado rápido. Siento que estoy dejando atrás muchas cosas y muchas relaciones que no puedo cuidar como me gustaría.»
En una época marcada por la inmediatez, Hoonine plantea justo lo contrario. Defender los vínculos, dedicar tiempo y aceptar que no se puede estar en todas partes.

«Encontrar a alguien que cuide y saber cuidar también es difícil. Requiere tiempo, espacio y no querer estar en todos los sitios.»

Sin pretenderlo, convierte esa idea en una pequeña declaración de principios. Cuidar también es resistir.
Esa evolución personal también se refleja en su música. Si en trabajos anteriores existía cierta necesidad de demostrar de lo que era capaz, ahora siente que ha dejado atrás esa presión.

«Antes pensaba que tenía que hacerlo todo bien. Ahora simplemente intento hacer lo que sé hacer. Si conecta con alguien, perfecto.»

Escuchando canciones como Roca Roja, Una foto al sol o Ya no duele, da la sensación de que Hoonine ha cambiado la búsqueda de la perfección por la búsqueda de la emoción. Ella matiza que no solo ha cambiado la intención, sino también las herramientas.

«Había cosas que quería contar, pero no sabía cómo hacerlo. No era solo querer demostrar, era no saber todavía cómo expresar lo que sentía.»

Ese aprendizaje también afecta a la producción. Reconoce que nunca sabe cuándo una canción está realmente terminada y que ha aprendido que añadir elementos no siempre mejora el resultado.
«Hay un núcleo de sentimiento y de producción que hay que respetar. Todo lo demás muchas veces ya no suma.»

Paradójicamente, su estudio creativo es cualquier cosa menos ordenado. Entre risas reconoce que puede empezar cinco ideas distintas en una tarde, hacer un remix improvisado porque acaba de escuchar una canción o volver a casa sin haber terminado absolutamente nada.

«Nada de eso parece servir para algo… hasta que sirve.»

Es precisamente ese caos el que alimenta una creatividad que, cuando llega al directo, encuentra una nueva dimensión. Algunas canciones, como Dolor y vida, han terminado convirtiéndose sobre el escenario en aquello que imaginó cuando las escribió.

Compartir cartel en Mad Cool con artistas como Wolf Alice, The War on Drugs o Foo Fighters sigue pareciéndole irreal.

«Todos los solapes que tengo hoy serían conciertos a los que iría si no tocara yo.»
No hay falsa modestia en sus palabras, sino la mirada de alguien que todavía conserva la ilusión del aficionado.

Cuando se le pregunta qué descubrirá quien le vea por primera vez, no habla de espectáculo, luces o

producción.

Habla de emoción.

«Que la electrónica tiene otros caminos, otras capas. Que durante un rato podamos compartir lo que sentimos.»

Quizá ahí esté la esencia de Hoonine. Sus canciones no buscan ofrecer respuestas cerradas ni convertir el dolor en drama. Buscan acompañar.

«Solo el hecho de que alguien haya decidido ser vulnerable ya hace que los demás nos sintamos un poco menos solos.»

Lo sabe porque ya ha vivido el momento en que una canción deja de pertenecer a quien la escribe. Recuerda especialmente a una chica que se acercó para contarle que Vida en Moreras le había conectado con la historia de su abuelo, murciano del Barrio del Carmen.

«Con que una sola persona me diga algo así, ya siento que mi trabajo está hecho.»

Y quizá esa sea la mejor definición posible de su proyecto. No llenar estadios. No perseguir números. No demostrar nada.

Simplemente escribir canciones capaces de hacer compañía.

Antes de despedirse, le pedimos que imagine a alguien que llega a Mad Cool sin conocer a Hoonine y sale de allí convertido en seguidor.

¿Qué le gustaría que se llevara de esos 45 minutos?

«Que durante el concierto se le hayan olvidado todas las cosas malas que hay alrededor. Y que nos volvamos a ver pronto.»

Hay artistas que hacen canciones para sonar. Hoonine parece hacerlas para quedarse.

Leave A Reply

Your email address will not be published.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More

Privacy & Cookies Policy